Como nuestro cerebro nos engaña y crea falsas memorias.

recuerdosAquí en la Argentina, es posible escuchar una frase: “Gardel…cada día canta mejor”. Para lo conocedores del tango Gardel es el ídolo máximo, y por supuesto que cada día canta mejor, pero porque en realidad no está presente para compararnos con su voz. Solo existen los registros fílmicos y sonoros que escuchamos una y otra vez.
Los recuerdos de nuestra propia vida a menudo son poco fiables, por lo que no debe sorprender que lo mismo ocurra respecto a nuestros seres queridos fallecidos. Por eso quería acercarles este artículo tan interesante.

¿Cuán bien podemos recordar la vida de alguien después de que murió?

Por Julia Shaw  (MIND Guest Blog)

Como experta en la ciencia de la memoria, no confío en mis recuerdos de mi propia vida. Entonces, ¿por qué debería confiar en los recuerdos sobre un ser querido fallecido? Mi cerebro afligido responde a esto diciendo “porque eso es lo que quiero desesperadamente”. Sin embargo, sé que este es un argumento infantilmente erróneo al que se recurre en un momento de debilidad.

Si todos los recuerdos pueden ser imperfectos —como argumento en detalle en mi libro “The Memory Illusion” (“La ilusión de la memoria”)—, entonces estos recuerdos también pueden serlo. No hay un cofre de seguridad en la memoria que proteja los recuerdos más preciados de la corrupción. Todos los recuerdos pueden ser falsos, incluso aquellos sobre quienes más queremos.
Debido a que considero que escribir es catártico, y porque disfruto de conocer mis propios procesos internos mediante la comprensión de la ciencia que hay detrás de ellos, hablemos sobre los recuerdos y la muerte.

Mark
Aquí está el origen de este post. Mi padrastro, Mark, con quien mantuve un vínculo excepcionalmente estrecho, falleció repentinamente hace seis semanas. Yo fui la primera en auxiliarlo, con el 911 en la línea, mientras lo mantenía respirando hasta que llegaron los paramédicos. Estaba en buen estado físico, por lo que pensamos que todo iba a salir bien. Luego los médicos nos dijeron que había sufrido una obstrucción en su corazón. Mis esfuerzos habían sido en vano. En mi memoria, todavía puedo verlo donde lo encontré en la casa, con su cabeza contra el vidrio y los ojos en blanco, respirando con dificultad. Fue la última vez que lo vi vivo.

La pena por el duelo es la emoción más profunda que he sentido; una combinación de devastación, desesperación, impotencia y miedo existencial. Pero no fue del todo malo, porque aún en ese momento más oscuro encontré momentos de luz: los bellos recuerdos que quedaron de su vida. Quería aferrarme a ellos. Quería tocarlos. Quería que se materializaran.

Me invadió un deseo inconmensurable que contar y volver a contarle a todos los que quisieran escuchar acerca de cada momento que pasé con él y que podía recordar. Noté que eso le ocurría a toda su familia y amigos. Desesperadamente, necesitábamos mantener vivos sus recuerdos. Los recuerdos eran todo lo que nos quedaba de él.

Pero me encontré con un enigma que muchos otros no notaron. Me di cuenta de que mucho de lo que estábamos compartiendo como recuerdos probablemente nunca había ocurrido.

Narrativas reconstructivas

La memoria es a menudo una construcción social. Ciertamente, en el contexto de la pena, con frecuencia los recuerdos son producidos y compartidos en entornos grupales con miembros de la familia y amigos. La información es hecha pública, es absorbida, y los recuerdos cambian en el proceso.

Según señalaron el psicólogo Robert Niemeyer y sus colegas en 2014, la pena involucra “procesos mediante los cuales se encuentran, se apropian o se ensamblan los significados, al menos tanto entre las personas comodentro de ellas”.

Después de la muerte de un ser querido buscamos un sentido, creamos un significado, y en el proceso a menudo coincidimos con otros sobre lo que debió haber sido la vida de esa persona. Como dicen Niemeyer y sus colegas, “una tarea central del duelo es la reconstrucción de esas narrativas”. A partir de mi propia investigación, puedo decir que esos procesos reconstructivos pueden ser muy creativos, y entretejer secretamente porciones convincentes de ficción en la historia real de una vida.

El Mark que recuerda la familia nunca había existido hasta ahora. En nuestro propio intento de entender nuestra relación con su muerte, la familia creó un pasado que nunca sucedió.

Como un mosaico, todos aportamos los fragmentos rotos de nuestra memoria a la imagen más grande que, si bien es imperfecta, crea una hermosa vida entera.

El duelo complicado

Pero no todo es lindas analogías artísticas y recuerdos familiares. Sentir la muerte de cerca también tiene el potencial de afectar nuestras memorias de forma negativa. Por un lado, podemos tener recuerdos intrusivos de los fallecidos que aparecen cuando no queremos que lo hagan. De hecho, sigo pensando en la cabeza de Mark contra el vidrio.

En el peor de los casos, incluso podemos experimentar algo llamado “duelo complicado” (o patológico). Según detallaron los expertos en la ciencia de la memoria Donald Robinaugh y Richard McNally en unartículo de investigación publicado en 2013, “el duelo complicado se asocia con un deterioro en la capacidad de recuperar recuerdos autobiográficos específicos”.

En su investigación sobre el tema, Robinaugh y McNally reclutaron a 33 participantes que habían perdido a un compañero de vida en los últimos tres años. Así encontraron que los 13 participantes que cumplieron con los criterios para el duelo complicado tuvieron problemas para acceder a memorias específicas de sus vidas, e incluso tuvieron dificultades para imaginar eventos en el futuro. Este fenómeno se conoce generalmente como tener “memoria muy generalizada”.

Sin embargo, los recuerdos de los dolientes complicados fueron solo muy generales cuando no involucraron al fallecido. Las memorias que tenían que ver con la persona que murió estaban comparativamente intactas.

Aquellos que transitan un duelo complicado parecen tener recuerdos que anulan el presente, haciéndolos incapaces de concentrarse o funcionar en su vida normal. Se pierden a sí mismos, y a sus recuerdos sobre su propia vida, y solo pueden retener memorias que involucran a la persona que murió.

En mi experiencia personal de duelo en general dudaba de los recuerdos de la vida de otro, mientras que en el caso de los dolientes complicados dudan de los recuerdos de su propia vida. La pena impacta a todos de manera diferente, y esto también se aplica en cómo afecta a nuestros recuerdos.

La muerte da sentido a la vida

Entonces, ¿podemos recordar con precisión la vida de alguien después de que murió? Yo creo que no.

Creo que hay demasiados procesos psicológicos y sesgos que surgen una vez que alguien ha fallecido como para creer que nuestros recuerdos de esa persona pueden permanecer indemnes.

Pero eso esta bien. Solo hay que mirar los elogios promedio para ver que en general recordamos a nuestros seres queridos bajo la mejor luz posible. Todos debemos ser muy afortunados de ser recordados como la mejor versión de nosotros mismos, incluso si esta versión es en parte el resultado de recuerdos distorsionados.

En cuanto a mi propio dolor, siempre voy a atesorar todos mis recuerdos, verdaderos y falsos, sobre Mark.

Julia Shaw

http://www.drjuliashaw.com/welcome.html

 

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